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"Encontré el Instituto ON del Centro de Artes Orientales en mi búsqueda de Kung Fu en Costa Rica. Regresaba después de estar 6 años en Estados Unidos donde había pasado varios años practicando Tae-kwondo, y posteriormente había ingresado por un corto plazo de tres meses a una academia de Kung Fu relacionado al estilo del tigre. Cuando regresé a mi país natal me sorprendí al ver que las artes marciales en Costa Rica eran diferentes: había mucho Kung Fu (lo que buscaba), no había Tae-kwondo marcial (solo olímpico).  
            Pese a mi corta carrera en las artes marciales (~3 años), éstas habían tenido un fuerte impacto en mí y sabía que yo seguiría practicando por el resto de mi vida. Ahora solo faltaba encontrar una buena academia que me enseñara Kung Fu y que lo hiciera bien, por muchos años. No estaba dispuesto a meterme en la primera academia que encontrase, sino en la mejor. Fui a un festival de artes marciales, vi varias exhibiciones, pregunte a estudiantes, hablé con todos los maestros, tome un mini curso de Wushu, practiqué con un grupo en la Sabana; tomé nota de los diferentes maestros y lo que me decían y pedían. Fortuitamente mi hermana me dijo que mi primo Gabriel estaba en una academia de Kung Fu. Hablé con mi primo el cual llevaba varios años en la práctica, y me recomendó la academia de Maestro ON.
            Al llegar al Instituto me entrevisté con el SiFu Víctor On. Rápidamente comencé a aprender cosas de él, entre ellas su carácter y forma de ser. Aunque ya yo había escogido la academia, la academia no me había escogido a mí.  Después de un corto plazo de tiempo y principalmente informarme más sobre la academia (a petición del Maestro),   éste finalmente me aceptó. Ingresé al CENTRO, compré el uniforme…
            Una vez en el CENTRO ―más que descubrir―   inmediatamente viví varios de los preceptos principales del Kung Fu, o al menos para el estudiante que apenas está iniciando un camino muy largo: paciencia, perseverancia, fortaleza, humildad. Repetidas veces aprendí a hacer un mismo ejercicio, siempre con una pequeña ansiedad de que se me enseñara más, de hacer el siguiente movimiento. Sin embargo, el maestro naturalmente no se doblegó a las exigencias, ni gritos silenciosos de los principiantes, que en sus caras de vez en cuando desplegaban frustración. Mentalmente me preparaba; a veces sentía que estaba perdiendo el tiempo. A veces, que mi habilidad era mayor. A veces que era innecesaria tanta repetición, o que ya estaba listo para el siguiente movimiento. En silencio aprendí a controlar esta necesidad natural y esta impaciencia, en la cual yacen muchos estudiantes, un limbo entre el orgullo personal, la enseñanza, la humildad y el abandono. Algunos abandonaron el camino del Kung Fu después de un mes, o dos, y otros resistimos. Después de dos meses sentí que había logrado algo, aunque no había aprendido más que uno o dos movimientos, en verdad se me había estado entrenando en otros “no-movimientos”: resistencia y fortaleza mental, humildad en tomar la lección del Maestro como el que dada su sabiduría y experiencia enseña, y al cual se escucha. De ahí la palabra Maestro. También por el riguroso entrenamiento había comenzado a desarrollar mayor fortaleza física en mis brazos y piernas. Recuerdo que la primera semana intenté entrenar tan duro como los estudiantes presentes, y terminé dos días después con mis brazos inmóviles. Hoy en día todavía cuando me tiemblan las piernas o los brazos, o estoy en el punto a rendirme mentalmente repito las palabras que el SiFu alguna vez mencionó: “la mente controla al cuerpo, y no el cuerpo a la mente”, y subsisto en mi vocación.  El Kung fu es así,  y ya lo he aceptado como un lucha constante, en la que a través de la disciplina fortalecemos nuestro cuerpo y por ende nuestra mente.
            Algo que me sorprendió y todavía me sorprende es ver a mis otros compañeros. Al principio no eran más que atletas, y mi percepción de ellos no era muy alta, ni les consideraba “la gran cosa”. Después de varios meses más donde yo había logrado pequeñas victorias entendí que estas personas que estaban conmigo contaban, de facto, con muchas más victorias y muy difíciles, sobre las cuáles se construía una gran capacidad de perseverancia, insistencia, fortaleza mental, y muchos otros atributos propios de los practicantes del Kung Fu. Esto por supuesto, también se extrapola al Maestro…
            Ultimadamente, ¿qué puedo decir que es el Kung Fu? Para mi es una forma de vivir en donde no solo pongo a prueba mis cualidades como ser humano, físicas y mentales, sino donde de mayor importancia aprendo y crezco, de la mano de grandes principios, como la disciplina, el compañerismo, la paciencia, el dominio mental, la humildad que lo desata a uno del orgullo y la fantasía y le lleva a conocer y dominar la realidad.  El Kung Fu alimenta mi espíritu, y no sé, tal vez lo podría asemejar a un gran dragón, el cuál apenas conozco y no domino, pero que al menos ha comenzado a ser mi amigo.

.........................................................................................Ignacio Garita

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